/ cuento

Soy el Mapa

Soy El Mapa soy el mapa Soy el mapa Soy El mapa soy El mapa soy El Mapa soy el Mapa

Un viejo me dijo
No confundas el mapa
con el territorio

La audiencia ya desbordaba la antesala así que no se podía ver el escenario sin incomodarse. No quedaba más que sentarse en las escaleras para descansar las piernas, cerrar los ojos y dejarse arrullar por la marea que es el amable público de una buena tocada. Lo de los ojos cerrados no duró porque me iba a quedar jetón. Así que solté a volar mi vista y me dejé disociar en el trance de las cuerdas para no pensar en la resequedad de mi boca.

Había ante mí, un enorme mapa de la ciudad. Tapizaba toda la pared. En él podías clavarte, profunda e infinitamente. Podías hacer zoom y leer de municipios que conocías de nombre pero que nunca habías visitado (ni visitarías jamás). De esos que por el puro nombre ya se oyen lejos. Podías hacer más zoom y encontrar lugares que habías visitado pero no tenías ubicados porque no daban ganas de regresar. Podías recorrer colonia tras colonia sin saber sus nombres; calle tras calle sin conocer su aspecto; parque tras parque sin imaginar sus árboles; simplemente imposible concebir el hecho de que estos lugares los habita y transita otra gente, probablemente en ese mismo instante! Y así podías seguir y seguir, más profundo y más lejos hasta darte por perdido y tener que reencontrar trabajosamente el camino a casa. Admitir lo poco que conoces la ciudad y maravillarte de lo vasta que es. De día, un rompecabezas sin contorno y de piezas amorfas en flujo. De noche, una galaxia que se chorreó sobre los cerros.

El estruendo del aplauso pone fin a mi trance. De vuelta a la antesala de la casa: el piso blanco y brillosito aunque pegajoso de las bebidas derramadas y posteriormente pisoteadas, las escaleras traqueteadas pero con su encanto propio, el hombro del Rusky recargado junto al mío. Noto que a él también se lo ha chupado por completo el mapa. Lo despierto con un codazo de cuates y le digo “güey, llevo años perdido en esa madre.” Con ojos grandotes y un suspiro agitado me dice “gracias wey, estaba atrapado.” Se levanta de las escaleras y se vá de la casa. Contemplativo, miro el piso, y en murmullos me repito “. . wey . . . llevo años atrapado en esa madre . . .” Tengo que moverme. Necesito tomar agua.

mapaDora